Revista Perspectiva | 20 abril 2024.

La desbandá, una herida en la memoria

    "Carretera adelante el éxodo continuaba. La Rafaela y su madre andaban confundidas con la masa negra. Sobre el llano no había más postes verticales que los postes del telégrafo".

    27/02/2024. Carmen Barrios Corredera, escritora y fotoperiodista
    Encuentro de supervivientes de la desbandá con jóvenes. Febrero de 2023. De izquierda a derecha: Amparo Sánchez, María Hidalgo, Ana Pomares y Manuel Triano

    Encuentro de supervivientes de la desbandá con jóvenes. Febrero de 2023. De izquierda a derecha: Amparo Sánchez, María Hidalgo, Ana Pomares y Manuel Triano

    De pronto, desde allá abajo vino un alarido: «¡Que vienen!». La gente se dispersó con una rapidez inaudita; en la carretera quedaron enseres, carruajes y un niño llorando.

    Llegaba una escuadrilla de caza enemiga. Ametrallaban, a cien metros de altura. Se veían perfectamente los tripulantes. Pasaron y se fueron. Había pocos heridos y muchos ayes, bestias muertas que se apartaban a las zanjas. El caminar continuaba bajo el terror. Una mujer se murió de repente. Los hombres válidos corrían, sin hacer caso de súplicas. Los automóviles despertaban un odio feroz. La Rafaela se había levantado con dificultad. Su madre la miró angustiada.—¿Te duele? La hija, con un pañuelo en la boca, no contestaba. «¡Que vuelven!». La Rafaela sufría tanto que no pudo hacer caso al alarido que un viejo le espetaba, diez metros más allá. —Acuéstese, acuéstese. Agarrada a un poste de telégrafo, espatarrada, sentía cómo se le desgarraban las entrañas. —Túmbate, chiquilla, túmbate — gemía la madre, caída. Y la Rafaela de pie, con el pañuelo mordido en la boca, estaba dando a luz. Le parecía que la partían a hachazos. El ruido de los aviones, terrible, rapidísimo y las ametralladoras y las bombas de mano: a treinta metros. Para ellos debía ser un juego acrobático. La Rafaela sólo sentía los dolores del parto. Le entraron cinco proyectiles por la espalda y no lo notó. Se dio cuenta de que soltaba aquel tronco y que todo se volvía blando y fácil. Dijo «Jesús» y se desplomó, muerta en el aire todavía.

    Los aviones marcharon. Había cuerpos tumbados que gemían y otros quietos y mudos; más lejos, a campo traviesa, corría una chiquilla loca. Un kilómetro más abajo el río oscuro se volvía a formar; contra él se abrían paso unas ambulancias; en sus costados se podía leer: «El pueblo sueco al pueblo español». Hallaron muerta a la madre y oyeron los gemidos del recién nacido. Cortaron el cordón umbilical. —¿Vive? —Vive.

    Y uno que llegaba arrastrándose con una bala en el pie izquierdo dijo:

    —Yo la conocía, es Rafaela. Rafaela Pérez Montalbán; yo soy escribano. Quería que fuese chica.

    Uno: Lo es.

    El escribano: Y que se llamara Esperanza.

    Uno cualquiera: ¿Por qué no?"

    Fragmento del relato El cojo, 1938 de Max Aub.

    He querido comenzar este artículo sobre La desbandá con un fragmento del relato El Cojo (1938) de Max Aub (1903-1972), porque retrata a la perfección, en una foto fija que se clava en la memoria con cada una de las palabras que lo componen, la barbaridad que supuso el bombardeo a civiles que huían de Málaga hacia Almería, por la carretera N-340, ante la inminente invasión de esa ciudad por las tropas franquistas. Aub reflejó en su relato el horror de aquel hecho, que es una imagen abrumadoramente repetida desde entonces en todas las guerras en las que se masacra a la población civil, como ahora mismo está sucediendo en Palestina sobre la población civil de Gaza, cruelmente arrasada en un ejercicio de genocidio consciente por parte de Israel, que no tiene visos de cesar hasta que aniquilen a la última gazatí. 

    El crimen de guerra conocido como La desbandá puede catalogarse como una de las masacres de civiles más sanguinarias, cruentas y gratuitas –se asesinó con usura– de las sucedidas durante la guerra de España. Se realizó con el objetivo fundamental de aniquilar a la población civil desarmada e indefensa que huía, para activar un estado de terror que permaneciera en el tiempo, grabado a fuego sobre la memoria de las vencidas. De hecho, como afirma el historiador Jesús Majada “fue la primera vez en la historia de las guerras modernas en la que se masacró a la población civil de manera sistemática e indiscriminada”. La guerra iniciada el 18 de julio de 1936 por los fascistas del general Franco, que dan un golpe de Estado contra la legalidad vigente para derrocar el Gobierno democrático de España del momento, salido de las urnas y dirigido por un ejecutivo del Frente Popular, tiene en La desbandá uno de los episodios más oscuros y terribles.

    Entre los días 6, 7 y el 8 de febrero de 1937 miles de personas refugiadas –que se habían ido concentrando en Málaga, ante el avance de las tropas franquistas de Queipo de Llano, capitán general golpista y fascista que tomó Sevilla y que había ordenado la ofensiva contra la provincia de Málaga a primeros de enero– salen de Málaga en una huida desesperada por la carretera costera a Almería, única vía de escape. Las arengas cargadas de odio y violencia hacia las mujeres del citado general golpista en la radio de Sevilla anunciaban el horror que se iba a desatar, infundiendo un temor que aceleró la huida. “Nuestros valientes legionarios y regulares –vociferaba por el micrófono–han demostrado a los rojos cobardes lo que significa ser hombre de verdad. Y, a la vez, a sus mujeres. Esto es totalmente justificado porque estas comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora, por lo menos, sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricones. No se van a librar por mucho que berreen o pataleen”. Esta y otras grabaciones similares que se conservan constituyen en sí mismas pruebas de los crímenes de guerra imputables a semejante asesino, que “animó” con sus palabras a realizar ese brutal asedio aniquilador sobre personas que huyeron aterradas con lo puesto, en un éxodo masivo sin ningún tipo de organización, al caer todas las defensas de las milicias republicanas que resistían en la ciudad, que era un reducto de la República cercado por las tropas de los sublevados. 

    Cuando las tropas fascistas entran en Málaga, una turba de gente sale a pie con lo puesto por la ciudad hacia la carretera de Almería, huyendo hacia Motril.

    “La toma de Málaga ha sido algo parecido a los juegos de los prestímanos. ¿Veis Málaga de este lado? ¿Veis que está roja? Se echan unos polvos de la madre Celestina y… Málaga se ha vuelto blanca para siempre. Málaga no volverá a ser roja jamás.A los tres cuartos de hora, un parte de nuestra aviación me comunicaba que grandes masas huían a todo correr hacia Motril. Para acompañarlos en su huida y hacerles correr más aprisa, enviamos a nuestra aviación que bombardeó, incendiando algunos camiones…”. (Queipo de Llano, charla radiofónica ABC de Sevilla, 10 de febrero de 1937).

    Las estimaciones de Encarnación Barranquero, profesora de la universidad de Málaga, cifran entre 100.000 y 150.000 las personas que huyeron despavoridas y desordenadamente mientras eran hostigadas y masacradas desde tierra por disparos de las tanquetas de los camisas negras italianos, desde el aire por las bombas de la aviación italo-germana y desde el mar por los obuses de los buques Almirante Cervera, Baleares y Canarias. Entre 5.000 y 10.000 personas murieron en la propia carretera, mayoritariamente mujeres, niños y niñas y ancianos y ancianas y otras 8.000 fueron fusiladas durante los seis meses posteriores en la propia ciudad de Málaga. También se sabe que unos cuantos miles de personas más fueron asesinadas en el conjunto de las poblaciones costeras a medida que el ejército fascista las iba ocupando, dejando cunetas y cementerios sembrados cadáveres enterrados en fosas comunes que todavía se están localizando y están por abrir, tal como afirma Fernando Alcalde, investigador y miembro de la Asociación 14 de Abril para la Recuperación de la Memoria Histórica en la Costa de Granada, en una entrevista concedida al Diario de Mallorca en noviembre de 2021.

    “La desbandá es una herida en la memoria y en el cuerpo social de nuestro país. Paco Roca y Rodrigo Terrasa rotulan una frase en la novela gráfica El abismo del olvido, que sintetiza la auténtica significación de una herida como esa: “El olvido es el abismo que separa la vida de la muerte”.”

     

    La desbandá es una herida en la memoria y en el cuerpo social de nuestro país. Paco Roca y Rodrigo Terrasa rotulan una frase en la novela gráfica El abismo del olvido, que sintetiza la auténtica significación de una herida como esa: “El olvido es el abismo que separa la vida de la muerte”. Vivimos en un país que ha estado sumergido durante décadas en un abismo ocupado por una muerte certera y determinante, absoluta, pues no hay nada tan definitivo como la muerte teñida del color del olvido. El crimen de La desbandá es uno de los capítulos más feos y ocultos, es una herida taponada con un amasijo de trapos, anudados durante años y años en los que se ahogó la memoria y se silenció la historia. Una herida cuya magnitud, daño y profundidad estamos empezando a conocer ahora gracias al trabajo de los y las activistas de las asociaciones memorialistas, que no se han cansado de reivindicar memoria, verdad, justicia y reparación, que han removido las entrañas de la historia para levantar la negra losa del olvido, dando voz pública a los y las supervivientes en actos y conmemoraciones, para poner luz a un suceso que debe ser bien conocido por las generaciones actuales para que no vuelva a repetirse algo tan espantoso. De hecho, una de las actividades que llevan a cabo las asociaciones memorialistas es organizar encuentros entre las personas supervivientes, que aún resisten, con alumnos y alumnas de colegios e institutos de los pueblos y ciudades por los que pasaba esa N-340, convertida en casi 200 kilómetros de moridero en febrero de 1937. Este es el caso de personas supervivientes como María Hidalgo, Amparo Sánchez, Manuel Triano y Ana Pomares (fallecida recientemente) que el año 2023 participaron en este tipo de encuentros. Fernando Alcalde afirma en la entrevista citada con anterioridad, que La desbandá “es un suceso que no existe en los archivos franquistas, pero hay cientos de testimonios de víctimas que sobrevivieron y lo han contado”, ya sea en susurros ahogados por el miedo durante décadas, o a viva voz más de ochenta años después. Está en marcha un proyecto de investigación sobre las fosas de La desbandá para intentar localizar los restos de las víctimas, ya que hubo un ocultamiento absoluto de lo que ocurrió. Este investigador asegura que han localizado seis lugares a lo largo de la carretera en los que puede haber víctimas, pero la mayor parte han sido destruidos por la urbanización salvaje que se produjo a partir de los años sesenta del siglo pasado.

    La iniciativa de las asociaciones memorialistas ha sido determinante para que se vayan estableciendo hitos y lugares de memoria, donde se explica lo que pasó y se recuerda a personas que socorrieron, o lo intentaron, a veces incluso perdiendo la vida en ese intento, a los refugiados que huían. Por ejemplo, la placa en el Paseo de los canadienses a la salida de Málaga que recuerda la labor de ayuda prestada a las personas refugiadas masacradas por el doctor canadiense miembro de las Brigadas Internacionales Norman Bethune y sus ayudantes, Hazen Sise y Thomas Worsley, que se dedicaron a socorrer a las y los heridos en medio del caos y que realizaron transfusiones de sangre in situ, por primera vez en la historia, salvando muchas vidas de mujeres y niños y niñas. Gracias a Bethune y a sus ayudantes se conservan fotografías y documentos de la huida. Además, existe un relato escrito por el propio Bethune titulado El crimen de la carretera de Málaga-Almería, en el que da cuenta del horror de todo lo vivido durante aquellos días. 

    Quiero también recordar aquí el hito en recuerdo de Anselmo Vilar García, el farero de Torre del Mar, que tiene la plaza del faro antiguo bautizada con su nombre desde febrero de 2022. Anselmo apagó el faro durante las noches del 6 y 7 de febrero para favorecer la huida de las y los refugiados y darles cobijo en la oscuridad de la noche, dificultando la visibilidad de quienes los bombardeaban. Este acto de amor social le costó la vida. Fue fusilado en cuanto los golpistas ocuparon Torre del Mar.

    Asimismo, merecen reconocimiento y recuerdo las figuras de Matilde Landa, dirigente comunista responsable del Socorro Rojo en España, y de la fotógrafa Tina Modotti, dirigente del Socorro Rojo Internacional. Ambas organizaron la ayuda a las personas refugiadas que huían desde el lado republicano, salvando muchísimas dificultades, para que llegaran a Almería. Se calcula que al menos 56.000 personas lograron llegar con vida a esa ciudad.

    “.... recordar aquí el hito en recuerdo de Anselmo Vilar García, el farero de Torre del Mar, que tiene la plaza del faro antiguo bautizada con su nombre desde febrero de 2022. Anselmo apagó el faro durante las noches del 6 y 7 de febrero para favorecer la huida de las y los refugiados y darles cobijo en la oscuridad de la noche, dificultando la visibilidad de quienes los bombardeaban. Este acto de amor social le costó la vida. Fue fusilado en cuanto los golpistas ocuparon Torre del Mar.”

     

    La república también envió una escuadrilla de aviones para intentar proteger a la muchedumbre que huía por la carretera. Uno de esos pilotos era el escritor francés André Malraux, que formaba parte de las Brigadas Internacionales y que relató ese infierno en su novela de 1937 L’espoir (La Esperanza).

    Es encomiable la labor que la Asociación Socio Cultural y Club Senderista La Desbandá está realizando desde 2005, cuando comenzó a organizar actos de recuperación de la memoria en poblaciones costeras de Málaga, Granada y Almería relacionados con este hecho. Esforzándose por colocar cada historia en su lugar, por poner hitos de recuerdo y memoria, por nombrar y dar voz a las personas que perecieron, recordándolas en valiosos testimonios de personas supervivientes, que los y las historiadoras están recogiendo. En febrero de 2017, coincidiendo con el 80 aniversario del crimen de la carretera de Málaga a Almería, N-340, la citada asociación y la Federación Andaluza de Montañismo organizaron la Primera Marcha Integral la Desbandá, en la que se recorrieron por vez primera los doscientos kilómetros seguidos en 11 etapas, los mismos kilómetros que penaron esos miles de refugiados en un febrero de hace ahora 87 años. Este 2024, cuando vea la luz este texto, habrá tenido lugar la VIII edición de esta marcha.

    Antecedentes

    Para finalizar, quiero hacer una acotación que me parece necesaria. Cuando me acerqué a conocer el episodio de La desbandá me llamó la atención el odio y el ensañamiento desplegado para aniquilar así a tantas personas comunes desarmadas. Los estudios hablan de escarmentar a la población de Málaga, de mermarla y aniquilarla. Málaga era conocida con el sobrenombre de “La roja”. 

    Los antecedentes de esa Málaga reivindicativa venían de lejos.

    Durante la Primera Guerra Mundial las subidas de precios de los alimentos básicos causaron mucha mella en las familias trabajadoras españolas. En la ciudad de Málaga se produjo un movimiento de protesta importante contra estos aumentos de precios llevado a cabo por las mujeres trabajadoras. Las conocidas como las Faeneras de Málaga protagonizaron una revuelta popular contra las subidas de los precios de los alimentos entre los días 9 y 21 de enero de 1918. Se llegaron a movilizar más de 12.000 mujeres, que fueron duramente reprimidas, en las cargas hubo cuatro personas muertas y veinte heridas –según documenta Raquel Zugasti, en Mujeres en lucha. La revuelta de las faeneras de Málaga, 1918 (2022)–. 

    La tradición continuó y, durante la II República, Málaga contaba con un pujante asociacionismo y movimientos de izquierdas, además de un fuerte arraigo de la CNT.  

    Ello contribuyó a que Málaga tuviera el primer concejal comunista en una capital andaluza, así como también a que el primer diputado que obtuvo el Partido Comunista de España, Cayetano Bolívar Escribano, conocido como El médico de los pobres, fuese elegido por la provincia de Málaga en los comicios de 1933. En las del 36 repitió y volvió a salir elegido dentro de las listas del Frente Popular. Fue fusilado el 4 de julio de 1939.